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ALCOHOL Y DEPRESIÓN EN TIEMPOS DEL CONFINAMIENTO
(por Marta Blanco)

Hay quienes aprovechan el confinamiento para tomar «una copita» cada día. Este comportamiento puede acabar en adicción para quienes presentan una vulnerabilidad genética para desarrollarla. En ausencia de otros estímulos o del contacto social y además vivimos solos, podemos tender a consumir alcohol, para que nos proporcione paz y así obtener una recompensa inmediata que nos anime.



Pero ¿qué pasa cuando tenemos pocos refuerzos o nos vemos privados de aquellos que teníamos antes del COVID-19?

Tras repetir y repetir el consumo, nuestro cerebro convierte ese consumo en un hábito. De un consumo esporádico podemos pasar a un consumo habitual y, finalmente, a lo que conocemos como trastorno de consumo de alcohol. Este trastorno, caracterizado por la imposibilidad de frenar el consumo compulsivo de alcohol, incluso cuando nos produce efectos negativos, puede desembocar en su estadio más grave: la adicción.

En otras palabras, el 20 % (según diversos especialistas) de los que empecemos a beber diariamente para «intentar encontrarnos mejor» durante estos días podemos ser vulnerables a que cuando acabe el confinamiento no podamos dejar de consumirlo.

¿Y qué ocurre con las personas que ya tienen la adicción en tiempos del confinamiento?
Para las personas con adicciones, la soledad y el aislamiento, pueden potenciar un empeoramiento, ya que pueden fomentar el aumento del consumo de alcohol. Cuando a esta ecuación le añadimos un trastorno mental pre existente, la situación empeora notablemente.

Más de la mitad de las personas que consumen alcohol en exceso es muy probable que tengan Depresión. En este caso, es más que probable que abandonen hábitos higiénicos, o pasen la mayor parte del tiempo en la cama, mostrarán falta de  interés por actividades gratificantes que antes si les gustaba realizar, estado de ánimo irritable o bajo, dificultad para conciliar o mantener el sueño, normalmente unido a una disminución de apetito y pérdida de peso, sentimientos de inutilidad, desesperanza en el futuro, e ideas de suicidio. Estas personas que se encuentren en este estado, son más vulnerables y presentan un empeoramiento, tanto en sus síntomas depresivos como en el trastorno por consumo de alcohol.



El alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central, que pertenece al grupo de sedantes junto con los barbitúricos y las benzodiacepinas.

A pesar de lo difícil que resulta asumir que el alcohol, es una droga, por lo integrado que está en nuestra cultura, lo cierto es que se trata de la droga más consumida en nuestro país y la que más problemas de toda índole produce.

El alcohol y la depresión son los factores de riesgo de suicidio más prevalentes en los pacientes que sufren patología dual (condición clínica en la que coexisten de forma simultánea o secuencial un trastorno adictivo y otro trastorno mental) y a los que hay que prestar especial atención.

Por lo tanto y a la luz de todo lo expuesto: ¿es recomendable el consumo de alcohol en esta situación?

Marta Blanco Diaz
Psicóloga CRPD Acorde

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