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Separados pero juntos
(por Laura Higuera Pardo)

El ser humano, como bien señaló Aristóteles, es un zoon politikón, traducido en muchas ocasiones como animal político, pero más acertadamente como animal social. Este pensador, nacido en el 384 a.C., ya señalaba que el género humano solo se puede realizar plenamente en sociedad, que tiene la necesidad de vivir con los demás y que solo mediante las relaciones con estos, puede alcanzar los fines propios de su especie.

    Esta cuestión, que hasta hace poco no nos interesaba tanto como sociedad, salvo a los/las psicólogos/as, filósofos/as y sociólogos/as, ha cobrado nueva vida debido al confinamiento impuesto a la población por el COVID-19. La red y los medios de comunicación se han llenado estos días de profesionales que dan pautas a la población para que estos puedan abordar esta situación de la mejor manera, para que sean conscientes de los riesgos que entraña para su salud mental el confinamiento e intenten prevenir las posibles consecuencias, pero ¿entiende la población hasta qué punto es relevante? ¿debemos tratar esta situación como un verdadero aislamiento? ¿qué nos dicen los estudios de psicología? ¿qué podemos hacer?

    Aristóteles, con su afirmación, no iba tan desencaminado a pesar de no haber tenido la posibilidad de realizar ningún ensayo experimental, la capacidad de análisis del hombre nunca debe ser minusvalorada, pues hoy los estudios de psicología confirman esta suposición, el sujeto, sin los otros, no es nada. En la actualidad, contamos con numerosos estudios que confirman que el aislamiento aumenta la ansiedad y trae aparejados problemas de salud, sabemos que las personas que se encuentran excluidas presentan diversas reacciones, como depresión, ansiedad, sensación de soledad o desamparo y conocemos por qué se produce esto. Como demostraron Eisemberger, Jarcho, Leberman y Nalebuff (2006) existe un solapamiento entre los circuitos neurales que intervienen en el denominado estrés social (situaciones que nos apartan de los demás) y el dolor físico. Así que sí, la ausencia del otro, el rechazo del otro te duele y es normal. Estamos preparados para sobrevivir y para ello necesitamos a los demás, el dolor es la señal de alarma.

    Y con el dolor, llega el estrés y viceversa, como ya apuntaba Robert Sapolsky en su libro ¿Por qué las cebras no tienen úlcera? la respuesta de estrés es un mecanismo ancestral pensado para huir de un león, no para estar huyendo permanentemente, el estado de alerta no puede ni debe ser permanente o el sistema de alarma fallará. En la situación actual no podemos simplemente escapar del problema, como en muchos otros casos en nuestra vida diaria, y en estas circunstancias los mecanismos biológicos no siempre nos ayudan.

Resulta curioso que las recomendaciones para mantener el bienestar psicológico que han salido en la mayoría de los medios de comunicación presten tan poca atención al aspecto social. Las recomendaciones tienden a centrarse en “comprende la realidad”, “haz lo correcto”, “planifica”, “infórmate, pero no mucho”, “sigue una rutina”, “haz deporte”,
“aprovecha para desarrollar tu creatividad” etc.., recomendaciones todas ellas esenciales pero que no tienen sentido si no es con los otros. El problema de esta situación es que preguntas como ¿por qué me levanto por la mañana? ¿por qué arreglarme? ¿por qué trabajar? ¿por qué limpiar mi casa? ¿por qué ver una película? necesitan alguna respuesta. La programación de una rutina no implica la motivación necesaria para llevarla a cabo y entonces esa rutina, lejos de ayudar, nos perjudica pues aparece como imposición inalcanzable. Para que todos esos consejos funcionen resulta imprescindible tener la motivación principal presente, oculta en casi todas las personas, los demás. Sin la posibilidad de obtener refuerzos sociales todas esas acciones empiezan a no tener sentido.
    En conclusión, si algo has de hacer durante este tiempo es estar más cerca que nunca de los demás, y esa es la primera obligación, relaciónate, en un mundo hiperconectado es más fácil que nunca. Apóyate en quienes están contigo y si estás solo, en los que siguen estando al otro lado de una pantalla o un teléfono, ten en tu mente a las personas que te importan.



    Lo que hace diferente a esta situación no es solo que sea nueva, sino que ningún estudio psicológico puede dar buena cuenta de lo que pasa, o podría pasar, pues este aislamiento se diferencia enormemente de los estudiados en un aspecto central y es que, aunque se produce de manera involuntaria no implica el castigo o el rechazo de los otros, sino que somos todos juntos los que estamos en aislamiento, separados, pero de la mano.


'De los bienes que la sabiduría procura para la felicidad de una vida entera, el mayor con mucho es la adquisición de la amistad'. Epicuro, Máxima Capital 27

Laura Higuera Pardo


Aristóteles. Política, I. 1253a
Eisemberger, N., Jarcho, J., Lieberman, M y B. (2006). An experimental study of shared sensitivity to physical pain and social rejection. Pain, 126, 132-138.
Eisenberg, N.I. y Liberman, M.D. (2004). Why rejection hurts: a common neural alarm system for physical and social pain. Trends in Cognitive Science, 8, 294-300.
Sapolsky, Robert. (2008) ¿Por qué las cebras no tienen úlcera?. Madrid: Alianza Editorial

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